Turno Libre

Carta del embajador en Washington, Aníbal de Castro, a la Fundación Robert F. Kennedy

Señora Kerry Kennedy, Presidente Robert F. Kennedy Center for Justice and Human Rights. 1300 19th Street, NW,?Suite 750,?Washington, DC 20036. Señor Santiago Cantón, Director RFK Partners for Human Rights. 1300 19th Street, NW,? Suite 750,?Washington, DC 20036.

Publicado: 21/11/2014

Carta del embajador en Washington, Aníbal de Castro, a la Fundación Robert F. Kennedy

<p>Estimados se&ntilde;ores Kennedy y Cant&oacute;n:</p>

<p>Con la publicaci&oacute;n del m&aacute;s reciente art&iacute;culo del se&ntilde;or Cant&oacute;n en el diario El Pa&iacute;s, me resulta ya impostergable expresarle mi profunda preocupaci&oacute;n por la campa&ntilde;a de desinformaci&oacute;n que patrocina la Fundaci&oacute;n Robert F. Kennedy (RFK) contra la Rep&uacute;blica Dominicana. Esta cruzada, de una vehemencia rayana en animosidad, descaradamente insiste en desconocer tanto las realidades de nuestro pa&iacute;s como las medidas positivas y de amplio alcance implementadas por el Gobierno para reducir la vulnerabilidad de los inmigrantes indocumentados. Estos manejos para desacreditar al pa&iacute;s, hasta el punto de intentar socavar su relaci&oacute;n comercial con socios internacionales claves como los Estados Unidos, son acciones que contradicen las metas humanitarias de las cuales se jacta su organizaci&oacute;n.</p>

<p>Responder&eacute; a tres de los argumentos enga&ntilde;osos que sustentan la postura de RFK, tal como han sido planteados en sus m&uacute;ltiples notas de prensa, eventos y art&iacute;culos. Primero, el planteamiento que la Rep&uacute;blica Dominicana ignora sus obligaciones internacionales al deso&iacute;r las consideraciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre el tema de la adquisici&oacute;n de la ciudadan&iacute;a. Segundo, el planteamiento de que la Rep&uacute;blica Dominicana debi&oacute; desacatar el fallo del Tribunal Constitucional del a&ntilde;o 2013, violentando el principio de la separaci&oacute;n de poderes y por lo tanto el sistema democr&aacute;tico en que este se sustenta. Finalmente, refutar&eacute; la premisa de que al tomar decisiones en torno al tema migratorio los dominicanos act&uacute;an motivados por un supuesto esp&iacute;ritu de discriminaci&oacute;n contra personas de piel oscura, particularmente haitianas.</p>

<p>En primer lugar, la Rep&uacute;blica Dominicana ha planteado claramente tanto a la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos como a la Corte su posici&oacute;n en torno al tema del derecho a la nacionalidad dominicana de los descendientes de extranjeros. Para comenzar, el pa&iacute;s nunca ha violado el principio de que &ldquo;Toda persona tiene derecho a la nacionalidad del Estado en cuyo territorio naci&oacute; si no tiene derecho a otra&rdquo;, plasmada en la Convenci&oacute;n Americana de Derechos Humanos.</p>

<p>Dado su extenso conocimiento de las reglas relevantes sobre migraci&oacute;n y ciudadan&iacute;a, es imposible que ignoren el art&iacute;culo 11.2 de la Constituci&oacute;n Haitiana de 1983 que declara expl&iacute;citamente: &ldquo;Posee la nacionalidad haitiana todo individuo nacido de padre haitiano o de madre haitiana, los cuales hayan nacido haitianos que no hayan renunciado a su nacionalidad al momento de su nacimiento&rdquo;. Mientras Hait&iacute; opere bajo el principio del ius sanguinis, es incuestionable el derecho de todo aquel de padres haitianos de acceder a la nacionalidad de estos sin importar d&oacute;nde haya nacido, incluida la Rep&uacute;blica Dominicana. No puede imput&aacute;rsenos cualquier dificultad procedural o administrativa para dotarse de documentos de su pa&iacute;s que enfrente un extranjero si este se encuentra fuera del par&aacute;metro constitucional para la ciudadan&iacute;a dominicana pero tiene derecho a la nacionalidad de sus padres. Tampoco puede tal obst&aacute;culo generar al pa&iacute;s obligaciones adicionales a las ya asumidas bajo el derecho internacional.</p>

<p>Los hijos de padres dominicanos que nazcan en cualquiera de los aproximadamente 160 pa&iacute;ses bajo el ius sanguinis, incluyendo, por supuesto, Hait&iacute;, no adquieren ipso facto una nacionalidad distinta a la dominicana. Nadie arguye, sin embargo, que por ser miembros de la extensa comunidad de emigrantes dominicanos esparcidos por el mundo y no tener derecho a obtener la ciudadan&iacute;a de su lugar de nacimiento corren riesgo de apatridia. Su imputaci&oacute;n tan repetida de que la Rep&uacute;blica Dominicana est&aacute; generando apatridia entre los descendientes de haitianos al no otorgarles la ciudadan&iacute;a dominicana es falsa y perniciosa; a otros pa&iacute;ses no los instan activistas internacionales a que vulneren el estado de derecho para acomodar presiones pol&iacute;ticas ex&oacute;genas.</p>

<p>Igualmente falaces son las obstinadas acusaciones de que la Rep&uacute;blica Dominicana aplica un nuevo marco legal retroactivamente, en perjuicio de su poblaci&oacute;n inmigrante. Los fallos de la Suprema Corte de Justicia en 2005 y el Tribunal Constitucional en 2013 responden ambos exhaustivamente a esta denuncia: la tradici&oacute;n legal del &uacute;ltimo siglo, incluyendo leyes, tratados migratorios internacionales, y la jurisprudencia generada por las cortes, claramente establece los l&iacute;mites del estatus de inmigrante no permanente o ilegal de un extranjero.</p>

<p>Como admite incluso la CIDH, el derecho internacional concede a los Estados determinar las condiciones para la adquisici&oacute;n de su nacionalidad. Solo pedimos que la Rep&uacute;blica Dominicana reciba este mismo trato; e insistiremos en esta demanda en cada foro, especialmente cuando nos juzguen mediante un uso selectivo de la informaci&oacute;n o, como en el caso de las ni&ntilde;as Yean y Bosico vs. la Rep&uacute;blica Dominicana, antes de que sean debidamente explorados y agotados todos los recursos legales locales.</p>

<p>En segundo lugar, abordar&eacute; su afirmaci&oacute;n de que el Gobierno dominicano no debe acatar los fallos del Tribunal Constitucional. La realidad es que el desconocimiento al mandato expl&iacute;cito de la m&aacute;s alta instancia judicial del pa&iacute;s tendr&iacute;a un costo simplemente incalculable en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos y de gobernanza.&nbsp; Debe resultar evidente para una entidad interesada en la paz mundial que esta comienza en casa, con el respeto a las leyes y reglas que organizan la sociedad democr&aacute;tica y la separaci&oacute;n de poderes.</p>

<p>&nbsp;Su argumentos en este sentido giran principalmente en torno a la posici&oacute;n de la Comisi&oacute;n y de la CIDH. Sin embargo, la m&aacute;s reciente sentencia de la CIDH ha puesto nuevamente en entredicho la legitimidad del organismo regional al insistir en ignorar ordenamientos internos de los Estados y transgredir su competencia. M&aacute;s all&aacute; de la ya mencionada negaci&oacute;n del derecho intr&iacute;nseco de la Rep&uacute;blica Dominicana a determinar su propio ordenamiento jur&iacute;dico, en franco menosprecio de la realidad imperante en la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses del mundo, sorprende el desconocimiento deliberado de los pasos concretos ya dados para mejorar la situaci&oacute;n de los derechos de los inmigrantes y sus descendientes nacidos en el pa&iacute;s. Este sesgo criticable, en persecuci&oacute;n de una agenda muy particular, socava la facultad de la Corte para actuar como &oacute;rgano jurisdiccional regional, en defensa de todos en el Continente y no solo de aquellos que presumen de un discernimiento privilegiado en cuanto a la mejor aplicaci&oacute;n de las normas fundamentales de protecci&oacute;n de derechos. Resulta imposible para nuestro pa&iacute;s participar en esta confabulaci&oacute;n, que obra en detrimento de la estabilidad del Estado de Derecho en la regi&oacute;n.</p>

<p>No obstante la historia que quisieran contar los actuales miembros de la CIDH, nuestro gobierno ha actuado con celeridad para encontrar soluciones a las situaciones generadas por el estado actual de documentaci&oacute;n en el pa&iacute;s y el fallo de la sentencia 168-13, siempre en el marco de la ley y en busca de un amplio consenso. La legitimidad de las medidas implementadas luego de este proceso abierto y democr&aacute;tico es indisputable y satisface el derecho de autonom&iacute;a del pueblo dominicano. La ley 169-14 contempla cada situaci&oacute;n enfrentada por los hijos de extranjeros indocumentados en la Rep&uacute;blica Dominicana. Considerada junto al Plan de Regularizaci&oacute;n - un esfuerzo ambicioso sin precedente en nuestro hemisferio - resulta indudable que nuestro Gobierno est&aacute; comprometido con la protecci&oacute;n de cada individuo bajo su jurisdicci&oacute;n. Su descalificaci&oacute;n de los avances logrados a favor de la poblaci&oacute;n inmigrante, no solo los m&aacute;s profundos en la regi&oacute;n sino frutos de un enfoque conciliador con apoyo popular importante, me obliga a cuestionar seriamente el compromiso de su organizaci&oacute;n con la democracia y la paz.</p>

<p>Es muy f&aacute;cil ponderar los derechos humanos en abstracto o a trav&eacute;s del prisma acad&eacute;mico. En cambio, el Gobierno dominicano enfrenta todos los d&iacute;as las realidades pol&iacute;ticas y complejidades intr&iacute;nsecas a una democracia en proceso de maduraci&oacute;n. Trabajamos, empero, para asegurar que las obligaciones y derechos consagrados en nuestra Constituci&oacute;n apliquen igualmente a todos dentro de nuestro territorio. Los valores inherentes a la noci&oacute;n de derechos humanos son universales, y sin embargo en este tema ustedes suelen rastrear torpezas solo en las acciones de la Rep&uacute;blica Dominicana.</p>

<p>En tercer lugar, una campa&ntilde;a en el plano internacional tan mal fundamentada solo puede ganar aparente autenticidad si se invoca el fantasma del racismo. Por eso nuestros detractores realzan la supuesta atm&oacute;sfera de discriminaci&oacute;n que permea las actitudes dominicanas hacia los haitianos y sus descendientes en el pa&iacute;s. Cada vez que se discute o se cuestiona el tema migratorio, tan presente en nuestro pa&iacute;s como en econom&iacute;as desarrolladas en Europa y en los Estados Unidos, donde s&iacute; se mantiene un debate abierto al respecto, hay voces que lo atribuyen al rechazo generalizado de los haitianos simplemente por el color de su piel.</p>

<p>En realidad, puede hasta sorprender la poca fricci&oacute;n que genera la coexistencia de los dominicanos y haitianos, habida cuenta de la magnitud de la inmigraci&oacute;n ilegal hacia la Rep&uacute;blica Dominicana en d&eacute;cadas pasadas. A pesar de la presi&oacute;n sobre los servicios p&uacute;blicos dominicanos, lejos a&uacute;n de una cobertura verdaderamente universal y de calidad para sus beneficiarios, no hay un sentimiento popular en contra de la solidaridad que se expresa cada d&iacute;a en las atenciones dadas a los extranjeros. Tampoco existe pol&iacute;tica gubernamental alguna que les niegue servicios b&aacute;sicos. M&aacute;s all&aacute; de la pr&aacute;ctica de puertas abiertas que mantienen los proveedores p&uacute;blicos, los inmigrantes disfrutan de innumerables facilidades y privilegios, especialmente en el acceso al sistema sanitario y a las cortes laborales.</p>

<p>Bastan unas pocas cifras para ilustrar la dimensi&oacute;n del impacto: alrededor del 18 por ciento del presupuesto de salud p&uacute;blica se emplea en atenciones a extranjeros (de los cuales alrededor del 98 por ciento son haitianos), y en algunos hospitales fronterizos m&aacute;s de 50 por ciento de los partos son de madres haitianas. Seg&uacute;n cifras oficiales, el n&uacute;mero de estudiantes haitianos que accedieron a las escuelas p&uacute;blicas dominicanas en 2013 fue 34,158. Es de sobras sabido que casi sin excepci&oacute;n nuestros maestros y directores de escuela conciben la educaci&oacute;n como un derecho, sin importar nacionalidad. Esto explica por qu&eacute; algunas escuelas p&uacute;blicas fronterizas acomodan los horarios a los estudiantes que cruzan la frontera todos los d&iacute;as para estudiar en la Rep&uacute;blica Dominicana.</p>

<p>Por supuesto, el mejor ejemplo de la verdadera actitud de los dominicanos hacia sus vecinos m&aacute;s cercanos sigue siendo el derrame espont&aacute;neo de ayuda y solidaridad que suscit&oacute; el terremoto de 2010. Al d&iacute;a de hoy, con sus esfuerzos infatigables para avanzar la ambiciosa agenda bilateral, nuestro pa&iacute;s demuestra una vez m&aacute;s su intenci&oacute;n de construir un destino compartido con Hait&iacute;. Les advierto que es muy firme nuestro rechazo a las voces que buscan sembrar discordia entre nuestros pa&iacute;ses y su gente, y contamos con la firme colaboraci&oacute;n de Hait&iacute; para la soluci&oacute;n satisfactoria de los problemas comunes.</p>

<p>&nbsp;La Rep&uacute;blica Dominicana estar&aacute; siempre dispuesta a trabajar con quienes deseen hacer aportes constructivos al bienestar de nuestra isla, pero solo en un ambiente de verdadero respeto e igualdad. Quedo a su disposici&oacute;n para discutir la posibilidad de un di&aacute;logo abierto bajo el postulado de que la Rep&uacute;blica Dominicana labora con buena fe para trazar un camino de desarrollo sostenible e inclusivo,&nbsp; sin acusaciones espurias e insinuaciones da&ntilde;inas.</p>

<p>Con esta carta les invitamos a cambiar la obsesi&oacute;n por cooperaci&oacute;n, y la miop&iacute;a por una visi&oacute;n amplia de las realidades de la isla Espa&ntilde;ola. Les pedimos que unan sus fuerzas a las nuestras para continuar construyendo una verdadera democracia para los dominicanos y todos los que disfrutan de nuestra hospitalidad. No me cabe duda de que Robert F. Kennedy hubiera asumido esta tarea con entusiasmo.</p>

<p>Con la m&aacute;s alta consideraci&oacute;n, se despide,</p>

<p>An&iacute;bal de Castro,</p>

<p>&nbsp;</p>

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