De aceptar barbaridades como estas, estaríamos ante la admisión de la más terrible de las sentencias ciudadanas: Este no es un país, sino una selva, y no habría razón para pensar que la decencia, el respeto a la ley son algo que tiene sentido en la República Dominicana de hoy, en los inicios del siglo XXI.
Publicado: 03/11/2014
<p>Agentes de la Policía Nacional han vuelto a matar y a mentir al mismo tiempo. Es la misma historia de siempre, el invento vulgar y delincuencial luego de halar el gatillo y matar a dos ciudadanos delante de sus hijos, dos adolescentes, que apenas comenzaban a conocer a su padre, recién regresado de los Estados Unidos.</p>
<p>Una disputa por una finca, propiedad de Santos Florentino Méndez, de 44 años, llevó a los agentes policiales a presentarse a la residencia del recién llegado de Estados Unidos, y asesinarlo a él y a su esposa, Olga Lidia Arias Mercedes, de 33 años. La historia es macabra. Un hermano del muerto también fue herido en la balacera, pero lo peor es que dos adolescentes de 13 y 15 años vieron cómo eran asesinados sus padres, y los obligaron a levantar los cadáveres y entrarlos en una camioneta, con la consiguiente advertencia de que las muertes habían ocurrido porque se resistieron a ser detenidos.</p>
<p>Estaban en su propia casa, en Bani, y los agentes fueron a la residencia de los Santos Florentino Méndez y Olga Lidia Mercedes, sin uniformes, sin la compañía de un fiscal y a ejecutar una orden policial que no tenía razón de ser. Un hermano de Santos Florentino, aprovechando su ausencia del país le falsificó los documentos de la finca y la hipotecó con papeles falsos a Milcíades Santana. Era un asunto de la justicia comprobar los hechos, no de la Policía. Santana acudió donde el comandante policial de Baní y este ordenó intervenir. Y la tragedia, con la estela de muertes, es la respuesta a esta irresponsabilidad de la Policía Nacional.</p>
<p>Luego de ejecutar a las dos personas en su propia residencia, y de herir a otras personas, los agentes policiales informaron que cumplían con su deber y que los muertos resistieron a los agentes. Una mentira que cualquier puede sospechar la dimensión que tiene, por lo pobre que resulta como argumento, y por lo socorrida que resulta. Ya no sirve esta patraña, estamos seguros que el general Manuel Castro Castillo tampoco la aceptará, porque no puede justificarse este comportamiento criminal.</p>
<p>El senador de Baní ya ha dicho, con su forma de hablar áspera, que ese fue “un crimen frío y un acto delincuencial que se ha cometido contra unas personas que estaban indefensas…”, según un reportaje publicado por el diario Hoy, escrito por Solange Batista y Fausto Soto. No es mucho lo que hay que investigar. El jefe de la Policía sabe que tiene que cooperar inmediatamente con el Ministerio Público en una investigación rápida y seria, que no oculte el trasfondo de corrupción que hay detrás de este atropello y de la vulgaridad vestida de oficialidad con un caso que no era ni podía ser competencia de la Policía Nacional.</p>
<p>De aceptar barbaridades como estas, estaríamos ante la admisión de la más terrible de las sentencias ciudadanas: Este no es un país, sino una selva, y no habría razón para pensar que la decencia, el respeto a la ley son algo que tiene sentido en la República Dominicana de hoy, en los inicios del siglo XXI.</p>
<p>Que se haga justicia, es lo que todos aspiramos en este horrendo crimen.</p>