Por Isabel Cepeda
Publicado: 10/10/2024
<h1>De hombres infinitos el de la estrella en la frente</h1>
<p><img alt="" src="https://scharboy2009.wordpress.com/wp-content/uploads/2024/10/che-guevara.jpeg?w=806" style="height:auto; width:312px" /></p>
<p><strong>Por Isabel Cepeda</strong></p>
<p>Este hombre miró en su entorno y lo vio imperfecto e injusto</p>
<p>Este hombre miró a su adentro y se sintió inacabado y pequeño</p>
<p> Este hombre miró su pasado de cuidados y mimos, su presente de preguntas sin respuestas, su futuro por hacer</p>
<p>y salió a buscarse.</p>
<p>¡Y caminó mirando alrededor conformidad y pobreza, injusticia y afrenta, desigualdad de las noches, los días, los años, los siglos y dijo ¡No!</p>
<p>Lo dijo bajito, en susurro, quedo, lo silenció su boca, pero brilló en sus ojos,</p>
<p>Y siguió caminando,</p>
<p>y en la pobreza Lacerante</p>
<p>de la gente sencilla y de a pie,</p>
<p>entre los ningunos y sin voz se encontró tocado por la pobreza cercana</p>
<p>poblado por la certeza infinita</p>
<p>¡Se dijo un ¡No! más alto definitivo y total aceptando su compromiso con la vida y sus causas más cierta, guardó para más tarde su no fundamental.</p>
<p>Decidido y resuelto, vestido de futuro, con la mochila cargada de decisiones inmensas partió para siempre prometiéndose volver con respuestas o dejarlas clavadas allí donde su paso fuera</p>
<p>Y caminó con la certeza absoluta de su promesa guardada y mientras se construía se fue dando</p>
<p>Por donde anduvo su esencia de caminante que después sería infinito</p>
<p>se fue quedando por allí, sobre las llagas del pobre más pobre, el de la pobreza marcada en la piel y en el desgarrado espíritu posó sus manos aladas de curador decidido y resuelto, por allá también dejó una palabra sencilla, que más tarde se vería</p>
<p>lo perpetua que se haría</p>
<p>Promesa fundamental, canto de libertad para voces sin garganta que multiplicarían su voz para quedar en el tiempo,</p>
<p> pero eso sería después.</p>
<p>Mientras, siguió su camino y fundando</p>
<p>fue a su paso, un mate compartido en el lodo con masa descamisada a la llamaba Che sintiéndola gente hermana</p>
<p>(estos no entenderían cuánto), solo después lo sabrían cuando volvieran sus hazañas en voces multiplicadas</p>
<p>Y haciendo camino, supo que su tierra era más grande y los pobres no estos pocos, sino los muchos que habían en cualquier parte del mundo, donde el capital sin alma multiplicaba los pobres que creaban la riqueza, mientras cenizas había en sus platos y entre sus dedos la mugre y calderilla mezquina solo para respirar</p>
<p>La certeza del rayo lo perturbó,</p>
<p>(solo un poco) una noche silenciosa que le designó su estrella, no la que tendría tiempo después en la frente cuando se hizo comandante,</p>
<p> sino la que llevaría en la voluntad de fuego en la palabra precisa,</p>
<p>que guardaba la verdad irrefutable</p>
<p>que nadie pudo callar</p>
<p>Y anduvo por esa América triste y tosca</p>
<p>que guardando sus resarios se lavaba sus heridas sin saber que era observada por sus ojos justicieros que regresarían después…</p>
<p> y fue enorme su estatura y cumplió cada promesa y las que no tuvo tiempo, las dejó bien engarzadas en la conciencia de un pueblo, que terminó siendo</p>
<p>los que siguen oprimidos, mientras se levanta y rompe sus cadenas</p>
<p>Mientras, este hombre por todas partes implanta su figura legendaria,</p>
<p> multiplicada en millones,</p>
<p> mirándonos con sus ojos justicieros</p>
<p> que nos convoca al ejemplo en su ofrenda inacabada</p>
<p>¡Míranos hombre! vuelve a repetirte en la gente de este tiempo</p>
<p>¡Háblanos camarada!, pon tu brazo justiciero a señalar el camino</p>
<p>! ¡Levántate gigante! replícate en estos pueblos, pon tus manos y tus ojos y tu corazón guerrero y tu palabra candente</p>
<p>y tu arrojo y tu valía en la gente nueva</p>
<p>para que vuelvan a mirar tus ojos, </p>
<p>hacer tus manos y concluirse tu hazaña</p>
<p>¡Che hermano, gigante, comandante!</p>
<p><strong>Publicado en el boletín «Poesía militante» #12</strong></p>