Recuerdos de Don Antonio Keka
Publicado: 20/07/2022
<p><img alt="Denuncian motoconchistas penetran a emergencia del Cabral y Báez y ocasionan disturbios" src="https://live.mrf.io/statics/i/ps/nuevodiario-assets.s3.us-east-2.amazonaws.com/wp-content/uploads/2018/06/52dc1ac8-3c46-4220-9ce5-5f4455f73bb1-1.jpg?width=1200&enable=upscale" style="height:91px; width:150px" /><strong>Por: Johnny Lama</strong></p>
<p>Antonio Keka (o "Queca", la grafía es lo de menos), así llamaban a esta, persona por la cual tuve particular respeto y predilección dentro de quienes conformaban el vecindario en el cual nací y crecí, mi barrio: Los Pepines.</p>
<p>Había en el barrio un sinnúmero de talleres de zapatería, grandes y pequeños, en los cuales trabajaban infinidad de artesanos y maestros de este oficio, los cuales tenían un perfil muy peculiar que los caracterizaba; entre esos detalles que los distinguían estaba su predilección por la música y también las parrandas y los tragos.</p>
<p>Era ordinario verlos juntarse con regularidad para compartir buenos momentos, en los cuales no podía faltar la música, además de las botellas de ron; en estos encuentros participaban reconocidos zapateros que tocaban o cantaban; entre estos habitués, recuerdo a Pelén, Nonino (quien también era luthier), Luis La Cuyaya (timbales) Felito El Feo (bajo), Narciso y Pelencho (guitarras) quienes no eran zapateros ... así como muchos otros que mi memoria no alcanza. El más insigne de todos era don Piro Valerio: zapatero de oficio, compositor y guitarrista.</p>
<p>Uno de los lugares en donde se daban estos convites músico-etílicos era la barbería de Mon Vargas, en la calle Cuba; precisamente frente a esta peluquería vivía otro zapatero, quien tenía su propio taller, llamado Antonio Keka.</p>
<p>Siempre vi a don Antonio como una persona un tanto diferente y especial en el ámbito barrial: vestía de forma correcta e impecable y de igual forma era su trato. No lo recuerdo tomando públicamente (como era común entre ellos) y, mucho menos, verlo borracho.</p>
<p>Aún cuando yo era un muchachito carpetoso, siempre me saludaba con afecto y con una expresión de alegría en su rostro. En una ocasión, hubo una situación perturbadora en el barrio provocada por un sujeto que fue policía y desempeñaba una función de caliesaje en el gobierno de los doce años. Su casa fue apedreada. En represalia, el barrio fue militarizado, buscaron y/o apresaron a varios de los más connotados "caco calientes" y, en un incidente, fue baleado mortalmente Elpidio Burgos.</p>
<p>La noche de ese hecho yo iba a comprar algo en el colmado de Tito (Cuba con A. Michel) cuando sonaron los disparos: frente a mí, en la acera opuesta, cayó de rodillas La China, porque una bala le impactó en una pierna. Don Antonio salió de su casa y me resguardó. Nunca olvido la imagen de Elpidio tirado en el asfalto y un guardia con un pie sobre él. </p>
<p>Abandoné Los Pepines y me desconecté un poco de su día a día, pese a que mi mamá vivió allí hasta el último de sus días.</p>
<p>Por eso perdí mi conexión con su entorno social y, particularmente, con don Antonio Keka. Hace unos años, comencé a escuchar que "donde Keka hay son todos los domingos". La voz fue corriendo y la actividad fue creciendo y atrayendo seguidores de esta música de otros barrios e, incluso, gente de otras ciudades y hasta turistas que llegaron a curiosear.</p>
<p>Hoy, el "Son de Keka" se ha convertido en un atractivo turístico y en una especie de patrimonio cultural de Santiago. A su fundador se le ha reconocido públicamente por parte de las autoridades edilicias y su rostro fue eternizado en uno de los murales del sector.-</p>