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Haití: solidaridad sí, invasión no

La desesperación ha sido y será una mala consejera. Solo el miedo es peor.

Publicado: 03/11/2021

Haití: solidaridad sí, invasión no

<p>Hait&iacute;: solidaridad s&iacute;, invasi&oacute;n no<br />
German MarteGerman&nbsp;<br />
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Hait&iacute;:&nbsp; solidaridad s&iacute;,&nbsp; invasi&oacute;n no<br />
German Marte</p>

<p>La desesperaci&oacute;n ha sido y ser&aacute; una mala consejera. Solo el miedo es peor.</p>

<p>El presidente Luis Abinader y todo el pa&iacute;s tienen razones para estar muy preocupados por el desorden que impera en Hait&iacute;, pero tampoco hay que volverse loco.</p>

<p>Ciertamente, cualquier situaci&oacute;n que afecte a tu vecino ser&aacute; tambi&eacute;n motivo de preocupaci&oacute;n en tu casa.<br />
Sin embargo, as&iacute; como a lo interno es pernicioso alarmarse m&aacute;s de lo debido ante una crisis, sea un tema de salud o cualquier otra emergencia, peor resulta traspasar ciertos l&iacute;mites cuando el problema es en la casa de al lado.</p>

<p>La decisi&oacute;n de reforzar la seguridad en la frontera con 11 mil soldados &ndash;acci&oacute;n costos&iacute;sima, por cierto&ndash; es un ejercicio de soberan&iacute;a a lo cual el pa&iacute;s tiene pleno derecho.</p>

<p>Controlar quien entra o sale a su territorio tambi&eacute;n.<br />
A lo que no tiene derecho el gobierno dominicano, por m&aacute;s preocupado que est&eacute;, es a sugerir que Hait&iacute;, ni ninguna otra naci&oacute;n, sea invadida por fuerzas extranjeras so pretexto de que all&iacute; hay una anarqu&iacute;a may&uacute;scula o de que ese empobrecido pa&iacute;s representa un peligro inminente para nuestra seguridad &ndash;lo cual siempre me ha parecido exagerado&ndash;.</p>

<p>Los derechos de Rep&uacute;blica Dominicana terminan all&iacute; donde comienzan los de Hait&iacute;, y viceversa, es decir en la frontera. Hasta ah&iacute;. No m&aacute;s.</p>

<p>Ni el gobierno ni el empresariado dominicano deben soslayar que Hait&iacute; es nuestro segundo socio comercial y que incitar al odio, a la desconfianza o el rechazo, obstaculiza el comercio con esa naci&oacute;n, lo cual nos perjudica tanto o m&aacute;s que a ellos.</p>

<p>As&iacute; de simple. Por lo tanto tenemos el deber de tratar el tema con la sutileza que impone la diplomacia y los intereses de nuestros productores y comerciantes.</p>

<p>El Estado no debe manejarse con miedo ni con temeridad. Lo sensato es evitar los extremos. No ofender al mejor cliente es un axioma entre gente que sabe y vive del comercio, aunque no nos guste su forma.<br />
Contra pandilleros y mafiosos est&aacute; muy bien que los dominicanos seamos intransigentes, implacables.</p>

<p>Por el contrario, creo que la Canciller&iacute;a se pas&oacute; de celos cuando dispuso que no seguir&aacute; expidiendo visas para estudiantes haitianos. A quienes m&aacute;s les conviene que m&aacute;s j&oacute;venes haitianos se preparen profesionalmente es a los dominicanos. El capital humano es esencial para el desarrollo de una naci&oacute;n.</p>

<p>La mejor inversi&oacute;n que podr&iacute;a hacer el Estado dominicano por la seguridad nacional es viabilizar &ndash;en la medida de sus posibilidades&ndash; la formaci&oacute;n de m&aacute;s y m&aacute;s j&oacute;venes haitianos. Adem&aacute;s, los haitianos no estudian becados en las universidades de aqu&iacute;, pagan y bien caro.</p>

<p>As&iacute; es que con todo respeto, &ldquo;pausar indefinidamente el programa especial de visados para estudiantes haitianos en Rep&uacute;blica Dominicana&rdquo; es un soberano disparate, un absurdo.</p>

<p>Volviendo al clamor del presidente a la comunidad internacional, vale recordar que Hait&iacute; fue invadido, ocupado por tropas de la ONU (Minustah) durante 13 a&ntilde;os y cuando los cascos azules salieron lo dejaron en peores condiciones que cuando llegaron.</p>

<p>Con el asesinato del presidente Jovenel Mo&iuml;se las cosas parec&iacute;an haber tocado fondo, pero todo ha empeorado por el control que tienen las bandas de delincuentes en gran parte del pa&iacute;s.</p>

<p>A&uacute;n as&iacute;, la penosa y peligrosa realidad que vive el pueblo haitiano debe ser resuelta all&aacute; por el gobierno, partidos, sociedad civil, iglesias, pero ellos. Si la comunidad internacional quiere aportar, que lo haga, pero con solidaridad. Con otra invasi&oacute;n no se resolver&aacute;n sus problemas.</p>

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