LEONEL FERNÁNDEZ
Publicado: 07/10/2020
<p><strong>LEONEL FERNÁNDEZ</strong></p>
<p><strong>Santo Domingo, RD</strong></p>
<p>Al cumplirse hoy, 6 de oc­tubre, el pri­mer aniversa­rio del fraude gestado por la cúpula pa­laciega en las primarias del Partido de la Liberación Do­minicana, sus autores, con­trario a sus previsiones, se encuentran en la actuali­dad, no solo desalojados del poder, sino desconcertados y estupefactos ante la mag­nitud de la catástrofe elec­toral del pasado 5 de julio, que los ha sumido en una inenarrable situación de bancarrota política y moral.</p>
<p>Todo empezó a fraguar­se a partir del 2015, luego del acuerdo suscrito por el Comité Político del partido morado, que permitió la re­forma a la Constitución de la República, haciendo po­sible la reelección del en­tonces presidente de la Re­pública para un segundo mandato consecutivo.</p>
<p>En el segundo ordinal de ese acuerdo se estableció, de manera precisa e inequí­voca, la inclusión de nuevos mecanismos de protección de nuestra Carta Magna, que sirvieran de candados ante futuros intentos de proyectos continuistas.</p>
<p>A pesar de ese acuerdo, la cúpula palaciega, actuando desde la sombra, no descar­taba un tercer periodo pre­sidencial consecutivo. Pa­ra esos fines, se trabajaba de manera sigilosa. Se desauto­rizaba cualquier voz que se levantase en esa dirección.</p>
<p>Para sembrar más la du­da en la opinión pública, un destacado miembro de la al­ta dirección peledeista, du­rante meses proclamó que el presidente de la República le había autorizado a informar que no se presentaría como aspirante a un tercer periodo presidencial.</p>
<p>Pero al tiempo que se ocul­taban las verdaderas inten­ciones de permanencia en el poder, se actuaba en sentido contrario. Se quiso introducir dentro de la Ley de Partidos el sistema de primarias abier­tas, simultáneas y obligato­rias para la selección de can­didatos a cargos de elección popular. El objetivo de ese proyecto era el de obtener un nivel de legitimación popular equivalente al de un plebisci­to o referéndum.</p>
<p>No se pudo lograr; y an­te eso se maniobró para que los partidos pudiesen optar por distintas modalidades de selección de sus candidatos, permaneciendo, para el caso específico del PLD, las prima­rias abiertas.</p>
<p>El intento de reforma a la Constitución de la República naufragó. Los seis precandi­datos promovidos por el jefe del Estado fueron elimina­dos. Una séptima figura, in­esperada, emergió como el candidato oficial para el 6 de octubre.</p>
<p><strong>Junta, padrón y voto automatizado</strong><br />
Al imponer la cúpula palacie­ga el método de elecciones primarias, el próximo paso era determinar el padrón que habría de ser utilizado. Eso se abordó directamente con la Junta Central Electoral. Pa­ra sus integrantes, especial­mente para su presidente, el padrón a utilizarse era el pa­drón universal del órgano electoral.</p>
<p>Manifestamos nuestra oposición a ese criterio. Es evidente que si todos los partidos hubiesen adopta­do el sistema de las prima­rias abiertas, el padrón a em­plearse no podía ser otro que el de la Junta Central Electo­ral. Pero si solo un partido op­taba por las primarias abier­tas, como fue el caso el PLD, el padrón ya no podría ser el de la JCE. Tenía que ser el padrón del PLD, más todas aquellas personas que no es­tuviesen afiliadas a ningún otro partido.</p>
<p>Esa era la manera de evitar que otras organizaciones po­líticas pudiesen influir en sus decisiones internas. Al im­ponerse el padrón de la JCE, partidos como el PRD y otros aliados del partido morado, votaron por el candidato del oficialismo, creándose una situación de inequidad elec­toral, en perjuicio de nuestra precandidatura.</p>
<p>Pero lo más grave de ese proceso comicial tuvo que ver con el uso del programa de software en el sistema de voto automatizado. Cuando la autoridad electoral con­vocó a los partidos políticos para informar acerca del vo­to automatizado, como plan piloto para la celebración de elecciones internas de los partidos, todos manifestaron su aprobación.</p>
<p>El problema empezó a suscitarse cuando la JCE, ac­tuando en forma contraria a sus propias disposiciones, no realizó la auditoría técnica al software que se utilizaría en las elecciones primarias. Eso así, a pesar de que, en diver­sas ocasiones, en forma escri­ta, nuestro equipo le solicitó su realización. Resultaba per­tinente llevar a cabo la referi­da auditoría, dado que dicho software, el cual fue elabo­rado por la Dirección de In­formática del órgano electo­ral, no había sido sometido a controles de calidad y nunca había sido puesto en práctica.</p>
<p>Para salvar esas dificulta­des, el sistema de votación todavía contaba con un me­canismo efectivo. Consis­tía en que al materializarse el voto electrónico, se emitía una constancia física, en for­ma de recibo, que se deposi­taba en las urnas.</p>
<p>Para dotar de mayor legi­timidad al proceso electoral interno, solicitamos a la Jun­ta que los votos físicos fuesen contados en su totalidad, a los fines de establecer su co­incidencia con los resultados de la votación electrónica.</p>
<p>Se nos rechazó tal peti­ción. Solicitamos entonces que fuese un 50%. También se nos negó. Pedimos lue­go que fuera un 40%. La res­puesta: un 10% y nada más, lo que resultaba insuficiente para determinar la real vo­luntad popular.</p>
<p>Al iniciarse la transmisión de los resultados electorales, el candidato oficial salió con una gran ventaja. Resultaba evidente que se había pro­gramado para que así fuese, a los fines de proyectar una imagen de victoria. Sin em­bargo, a medida que conti­nuaba el proceso, nuestra candidatura fue disminuyen­do esa diferencia hasta que a las 6:30 de la tarde, cuando se suponía que ya todos los recintos electorales estarían cerrados, nuestra candidatu­ra emergía triunfante.</p>
<p><strong>El fraude</strong><br />
A esa altura, el fraude del vo­to automatizado había sido vencido. El empleo del po­der y los recursos del Esta­do habían sido sobrepasa­dos. En ciertos sectores de la sociedad, hasta se celebraba nuestro triunfo. A partir de ahí, sin embargo, conforme a los boletines noticiosos, el presidente de la República se trasladó a las oficinas del can­didato oficial; y lo que acon­teció, entonces, fue la puesta en práctica de una segunda modalidad del fraude, en las lejanas provincias del Sur, donde se estuvo ejerciendo el voto hasta las 2 de la madru­gada del día siguiente.</p>
<p>Al analizar lo que aconte­ció en las primarias peledeís­tas del 6 de octubre, el grupo de observadores de Participa­ción Ciudadana logró docu­mentar la ocurrencia de múl­tiples irregularidades, al igual que hicieron observadores de varios grupos internaciona­les. Al insistir en la realiza­ción de una auditoría técnica forense con respecto a lo ocu­rrido, la Junta Central Electo­ral, luego de haber fracasado en la contratación de la firma Deloitte, suscribió un acuer­do con la empresa española Alhambra Deus.</p>
<p>La respuesta se limitó a una rueda de prensa donde declaró que los equipos audi­tados disponían “de un nivel de seguridad, desempeño y tolerancia a fallos que los ha­cen robustos, fiables y rápi­dos en su ejecución”.</p>
<p>De esa manera, aparente­mente, nuestros alegatos de fraude habían quedado se­pultados. Pero no fue así. Con miras a las elecciones muni­cipales del 16 de febrero, la Fundación Internacional de Sistemas Electorales (IFES) recomendó, contrario a Al­hambra Deus, añadir nueve capas de seguridad al soft­ware del voto automatizado.</p>
<p>Si ese programa era tan “robusto, fiable y rápido en su ejecución” como había in­dicado la firma española con­tratada por la JCE, ¿por qué razón IFES recomendaba la adición de nueve capas de se­guridad? La verdad, sin em­bargo, reluciría con mayor fulgor y contundencia, con motivo de las elecciones mu­nicipales fallidas del 16 de febrero. Con respecto a esas elecciones, la OEA determi­nó que lo que provocó su fra­caso fue la utilización de un software defectuoso, que te­nía 21 fallas, y que, por consi­guiente, no garantizaba la in­tegridad electoral.</p>
<p>Hay que imaginarse cómo si con nueve capas añadidas de seguridad, el software fra­casó en las municipales de fe­brero, ¿qué no habría sido en las primarias del PLD, en oc­tubre del año pasado, cuan­do no disponía de esos nive­les de seguridad?</p>
<p>La respuesta, no obstante, la tiene la propia empresa Al­hambra. De manera sorpren­dente, esta sostiene en su in­forme que aún al día de hoy, 6 de octubre de 2020, un año después, hasta las 5:13p.m., hay una mesa abierta en el Centro Comunal El Café, en Santo Domingo Oeste.</p>
<p>Increíble, pero así es.</p>